He soñado con Madeira y no era mentira. Volcánica y abrupta, como nosotros. Tan real como tú y yo la otra noche en el archipiélago de tu cuarto, menguante. Como cuando jugamos al amor en esa postura que tanto te gusta, la amazona. Sometido a las riendas invisibles que me atan a ti, que es esto a lo que nunca hemos sido capaces de poner nombre. Y en el sueño que tu dormías y yo pensaba, me sajaste. Lo hiciste con la aguja de tu estilográfica clavada en mi ombligo -que según se conjuren esa mañana los astros- es tu epicentro, o tu nada.
Y sangré yo y tembló Madeira. Te bebiste mi esencia. Como haces siempre. Adoras esta miel que segrego porque sabes que tiene tu nombre, te abastezco, te creo. Adoro esa hiel que segregas porque tiene mi nombre, me abastece, me crea. Porque somos dos putos yonkis del sentimiento imposible en una suerte de simbiosis sin precedentes.
Y aunque ahora mancillen tu cuerpo esas mediomujeres de segunda que frecuentas. Y aunque duermas en camas estáticas que fingen emular nuestros seísmos -nosotros, que dormíamos tumbados sobre la escala Richter- sabes bien que si tratas de mirarte en otros ojos, nunca más volverás a verte perfecto como en mi espejo. El mismo que colgaste perenne sobre la cómoda, Mariam.
Post publicado en : http://www.paperfront.es/opinion/journal/madeira-no-es-mentira/
A la puta que se llevó mis poemas hoy le extiendo estos versos. Un ramo de rosas negras. De reverencia, el sombrero.
A la puta que se llevó mis poemas. A hurtadillas. Con tacones. Con destreza. Como saben hacer las gatas, trepando las escaleras.
A la puta que se llevó mis poemas. Que se folló a mi dealer. Que se fumó mis petas. Que me robó el vestido. Que no le cupo. Holgado en tretas. Te cambio este epitafio. Por mis ojeras.
Éste es mi leit motiv. Y me lo follo cuando quiera.
*Poema inspirado en "A la puta que se llevó mis poemas" de Bukowski.
Conduces por tu carretera con las ruedas pinchadas. Estacionas. Pero ves un coche deportivo. Dorado como el sol. Nuevo. Cómodo. De embrague automático. Desplazas al conductor, ahora él se sienta de copiloto. Tú conduces. Te sabes de memoria los baches, los pusiste tú. También te ocupaste de esconder los atajos. Te gusta deleitarte en llegar a tu destino, que finges improvisar. Rompes el Airbag, quitas los frenos. Te divierte. De vez en cuando pasa otro coche cerca del tuyo, para tentar a tu copiloto, pero lo adelantas o lo expulsas de tu carril. Es tu carretera, no hay sitio para que circulen otros coches.Tú marcas los tiempos. De vez en cuando echas de tu coche al copiloto, te molesta su compañía. Lo tiras a él y a su GPS por la ventanilla. Conduces sólo. Echas de menos al copiloto. Lo encuentras en la cuneta donde lo dejaste haciendo autostop. Lo recoges. Conduces 100 km más y aburrido lo estrellas, el coche dorado ya no te sirve. Pero ves un coche deportivo. Azul océano. Nuevo. Cómodo. De embrague automático. Desplazas al conductor, ahora él se sienta de copiloto. Tú conduces. Te sabes de memoria los baches, los pusiste tú, también te ocupaste de esconder los atajos. Te gusta deleitarte en llegar a tu destino, que finges improvisar. Rompes el Airbag, quitas los frenos. Te divierte.. De vez en cuando pasa otro coche cerca del tuyo, para tentar a tu copiloto, pero lo adelantas o lo expulsas de tu carril. Es tu carretera, no hay sitio para que circulen otros coches.Tú marcas los tiempos. De vez en cuando echas de tu coche al copiloto, te molesta su compañía. Lo tiras a él y a su GPS por la ventanilla. Conduces sólo. Echas de menos al copiloto.Lo encuentras en la cuneta donde lo dejaste haciendo autostop. Lo recoges. Conduces 100 km más y aburrido lo estrellas, el coche azul ya no te sirve. Pero ves un coche deportivo. Gris metalizado. Nuevo. Cómodo. De embrague automático. Desplazas al conductor, ahora él se sienta donde el copiloto. Tú conduces. Te sabes de memoria...
Esta noche mi monstruo del armario le ha dicho al Silencio de las paredes que estaba preparando algo para mí. Es mi primera noche en esta casa y coincide con la noche más terrorífica del año. Tenían que darme una bienvenida horrible.
El Silencio ha asentido y únicamente le ha guiñado un ojo. Yo, que les he visto a través del espejo de la cómoda les he dicho: no me daís miedo. Y me he tumbado en el sofá.
La Soledad enseguida que lo ha escuchado se ha puesto a trabajar y me ha tapado con su manta impermeable. La he retirado con firmeza y le he dicho: no me das miedo.
Entonces he descorchado una botella de vino y me he tomado medio Orfidal. El sueño se ha apoderado de mi a la media hora y he caído rendida en esa fase de parálisis en que estás despierto pero tu cuerpo inmóvil. Las Pesadillas, que se han hecho eco de lo que ocurría, no han tardado en llegar: el hombre del cuadro de El Grito que colgué ayer en el salón, ha salido del cristal para gritarme enérgicamente al oído. Sobresaltada he conseguido incorporarme y gritandole más fuerte todavía le he dicho: no me das miedo.
Arrinconada en una esquina del salón, con la cabeza entre las rodillas he oído como incrédulos conspiraban entre ellos y han hecho una llamada al Miedo para pedirle consejo.
Al rato, ha entrado sin llamar un atractivo tipo vestido de impoluto negro que caminaba cojeando y cuya presencia me ha estremecido. Su rostro me era familiar pero a la vez me producía pánico. No sabría decir si era el suelo o era yo la que temblaba.
Sin mediar palabra ha tomado mi mano y me ha llevado al dormitorio,a lo que he accedido incomprensiblemente de forma tácita. Nos hemos tumbado en la cama y me ha acariciado el pelo. Un escalofrío me ha recorrido desde los pezones hasta las ingles. Después me ha abrazado por la espalda, con fuerza, hasta inmovilizarme. Mientras caían mis primeras lágrimas he podido escuchar las risas victoriosas del resto. Soledad y Silencio brindaban con el vino.
Entonces, el hombre misteriorso arrancandome la ropa me ha susurrado al oído: soy el Recuerdo y te voy a violar durante toda la noche.
Ya te lo dije una vez, hasta tu nombre niega en tercera persona. Niegas con la misma pasión que ayer me follabas en tu casa. Cuando preferiste quedar conmigo, aquel primero de mes a la vuelta de tus vacaciones. Como lo volviste a hacer semanas después, cuando aquella charla hasta entrada la madrugada. Ahí también negabas, en este caso que hubiera otra en tu vida, me lo dirías. Cosa improbable, pues "eres la mujer perfecta" solías decir. Cuando negabas -en aquel momento convenía- que ella fuera más que una amiga, "le das mil vueltas" (sic). Cuando nos reíamos escuchando sus mensajes de voz. Como os reiréis ahora de los míos. Ya lo habrás olvidado, como lo olvidas todo, lo que te conviene.
Niegas en rotundo y en rotondas donde no ves otra salida que la de atrás, el maletero de tu coche donde lo echas todo: tu espalda. Donde probablemente escondas otros cuerpos que respiraron hasta que tú quisiste. Cuerpos tal vez no tan espectaculares ¿recuerdas? Solías decir del mío.
Niegas mi existencia con la impasibilidad del psicopáta que se jacta después de haberle pillado infraganti con las manos manchadas de sangre. Niegas con la ayuda del arma que te regalé hace años, que es mi discreción. Yo, que te acogí puntual y sonriente en cada uno de tus naufragios, que fueron muchos. Yo, que te dí de beber cientos de noches cuando la sed del abrazo.
Tendrás también el valor de negar que haya una sola cosa que reprocharme. Yo, que colmé con creces los límites que conoces de la paciencia, la "cándida Mariam". Yo, que te hice creer en la raza humana (sic). Yo, que te apoyé y defendí de forma incondicional hasta el último día. A mi,ahora, me niegas por el sabor de lo nuevo.
Este disfraz de loca ingenua que me has regalado en tu despedida, sabes bien, me viene grande.
NOTA: No hablo de promesas rotas, nunca las hubo. Estoy hablando de formas.
Tú no quieres con las entrañas, como yo. De nada me sirven tus mariposas de origami: morirán mañana. Sólo conozco una manera de querer y es con las uñas, como el que escala una pared y pide que le retiren el colchón. Que nada le amortigüe la inminente caída.
Se quiere con el tuétano, las vísceras, los dientes. Se quiere con la vida del terminal que va a morir mañana. Se quiere como el que bucea sin bombona de oxígeno porque respira de tu boca. Se quiere con la fe del inmortal. Se quiere como los amantes que bailan al ritmo de su sístole, corazón. Se quiere sin hambre. Se quiere con sed. Se quiere como quiere el adolescente que todas las canciones rimen con su amada.
Se quiere de forma atemporal, sin pasado, sin futuro. Porque presente es que sobre tu cama seamos siempre las doce en punto, con mis piernas marcando los segundos, orgasmos.
Con las medias tintas sólo se escriben historias a medias, huellas que se borran.
Te estás perdiendo mucho, te estás perdiendo. Todo.
Son las 10 am y estamos encerrados en mi habitación después de dos días con sus siete noches. Suena "Big Bang Baby" de los Stone Temple Pilots y yo canturreo "..does anybody know how the story really goes". Te ríes. Sujetas mi cabeza y la diriges a tu micro.
Despúes viene la guerra de almohadas. Más risas. Te digo que voy a la ducha. Coges mi cámara y comienzas a hacerme un book desnuda. Te digo que no te irás sin devolverme la tarjeta de memoria, todavía no tengo suficiente confianza en ti como para creer que no las colgarás en internet. Te conozco desde hace menos de dos semanas. Si no fuera porque sé que es cuestión de días (o tal vez meses, en el mejor de los casos) sé que de un momento a otro dejaré de parecerte divertida. Y los lunares de mi espalda que hoy te sabes de memoria, mañana no serán siquiera puntos suspensivos. Pero ahora, adoras mi espalda.
Al volver del baño te he sorprendido leyendo en voz alta una historia que escribí sobre una mujer que padecía de llanto crónico. La mujer hacía lo imposible para parar de llorar y un día probó a sumergirse en el mar, bocabajo. De este modo, sus lágrimas se mimetizarían con el agua salada hasta desaparecer. Pero lo único que consiguíó fue contagiar su llanto a una plaga de medusas. Y esa es la música que se escucha si buceas bajo el agua.
He creído morir de vergüenza. Te he quitado la libreta y tú no parabas de reir. Hemos comenzado forcejeando y hemos acabado haciendolo de pie, apoyados en la pared. Con rabia. Como me gusta. De espaldas. Como te gusta.
Al acabar me has dicho que crees que me quieres, pero yo, sutilmente y ante semejante confesión no he podido sino invitarte a abandonar mi casa. Lo siento.
Como viene siendo habitual desde hace un par de meses, todos los miércoles me dirijo a la cita con mi Psiquiatra-Psicólogo. Por la módica cantidad de 90 eur y durante una sesión de no más 50 minutos, trato de vomitar sobre un diván todos aquellos episodios indigestos que quedaron asidos a varios de mis órganos. Corazón. Útero. Cerebro. Mientras tanto, el Doctor, asiente y empatiza conmigo, pero en ocasiones es necesario que me introduzca sus dedos en la garganta de la memoria. Y sus nudillos desanudan los de mi estómago. Cuando la arcada.
Ya de por sí , entre otras fobias, padezco de manía persecutoria, por lo que el trayecto desde el metro "Alonso Martinez" a la consulta, en Sagasta, lo hago siempre de forma precavida, mirando de un lado para otro por si me encuentro con algún inoportuno conocido y me pregunta dónde voy:
Allí he conocido a un paciente interesante: Víctor. Al principio, nos cruzamos únicamente un par de veces, en el pasillo de la recepción. Lo cierto es que es alto y guapo a rabiar, pero eso no es lo que más me atrae de él, sino su historia. Víctor despierta en mi una especie de complejo de Edipo sin precedentes que me hace desear ser su amante bálsamo, su tranquilizante sin receta, su madre refugio.
Es por eso que desde el primer momento decidí ir con antelación a la consulta. Las paredes de la clínica son finas y desde la sala de espera, puedo escucharle hablar con el Psiquiatra, incluso tomo notas en mi agenda: conociendo sus debilidades, me será más fácil convertirme en su fortaleza.
Desde entonces, los miércoles se han convertido en mi gran motivación. Sin embargo, lejos de solucionar mi problema, lo he proyectado sobre un sujeto distinto al anterior, rozando los límites de la obsesión.
Sin embargo, aquel miércoles, para mi sorpresa, Víctor me estaba esperando a la salida. Sin mediar palabra y señalando mi receta, fuimos paseando hasta la farmacia más próxima cogidos de la mano de la Mirtazapina, en silencio. Porque Víctor no me habla, sólo me besa.
Ya en su casa brindamos por la Distimia que nos une y después de la segunda botella de vino y de fumarnos un par de porros liados con papel de un Test de Rorschach -elegimos uno en que yo veía un corazón y él, dragones- dormimos abrazados el uno al trauma del otro.
A la mañana siguiente, cuando despertamos, ninguno de los dos estaba allí.
Tú y yo conjugamos. Así. De forma intransitiva e intransigente. De un modo u otro, aunque normalmente prima el subjuntivo, que indica deseo e improbabilidad: cuando la ausencia. (Conjugásemos).
Otras, un urgente imperativo: el del asiento trasero de tu coche. (Conjuguemos).
Compuesto y descompuesta (pero sin novio) conjugamos a destiempo en un futuro imperfecto, en horizontal, pero sin horizonte. En primera persona del singular o del plural -si te desdoblas- pero nunca en tercera (no sería bienvenida).
Aunquepara ti conjugar venga de jugar con jugos y para mi, sea la combinación pefecta, lo cierto es que el infinitivo de conjugar -en nuestro caso- no es sino implacable infinito.
Pon otra vez esa canción alegre, bailemos una vez más al ritmo de tu carpe diem. Que esta novia cadaver no arruine tu fiesta con su vestido de cuervos.
Esta noche no merodearé por las calles de mi memoria. Hagamos como que el ventilador no emite la esencia retenida del verano pasado. Tampoco me pintaré los labios con betadine. Haré como que me importa. Pero ocupate tú de esconderme la luna, no sea que me ponga tonta.
Intercambiemos los pin de la blackberry con extraños. En tu fiesta. Finjamos los orgasmos. En tu fiesta. Leámos a Jorge Bucay. En tu fiesta. Muramos por sobredosis de placebos.
Conozco algunos pasos, sé marcar también el ritmo. Yo también sé jugar al cazador cazado. La nostalgia es sólo un chicle de fresa ácida pegado a mis sandalias favoritas. Pero hoy llevo tacones. Y mis muslos saben latín, de hecho la única deuda que mantengo con alguien se cuenta en orgasmos.
Hoy he dejado aquel disco de los Smiths en el congelador, he tirado a la basura mi colección de otoños. Pero mañana no sé. No puedo prometerte nada. Sabes que me gusta asomarme a la ventana y saborear el eco de un amor que no se sabe si lo hacíamos o era el amor, que nos hacía a nosotros.
Y no sabes, pero te lo explico, que melancolía viene del griego y significa "negro bilis" y yo aqui, vengo a vomitar.
Yo, que en este lugar no necesito hacerme un piercing para que contempléis mi ombligo.
Puedes mostrarme tu pedicura con ese tono última moda "summer intense nº5" pero te advierto que el único esmalte que conozco es el que me tatuó en las uñas de los pies la sangre de aquel aborto.
Si quieres te acompaño a Ikea, incluso puedo prestarte unos cupones descuento que guardo. Después de cinco mudanzas en menos de dos años, ya me tutean al entrar.
No tengo ninguna opinión formada sobre tu nuevo reloj, podrás hacerte una idea de mi concepto del tiempo, yo, que vuelvo a tickar el bonobus habiendo llegado a final de parada, sin levantarme del asiento, para deshacer el camino en vano, mientras hago sudokus con las matrículas de los coches que voy viendo pasar por la ventana.
De moda no entiendo mucho, llevo los mismos vaqueros desde hace años. Tambien guardo un traje de novia sin estrenar de fondo de armario.
No sé si se lleva o no el flequillo tan largo, pero si no me lo corto es porque me gusta esconder la mirada. Aprendí a llorar de forma discreta sin ser descubierta. De hecho, hace algunas semanas lo hice alcanzando un orgasmo pues estaba convencida de que esa sería nuestra última vez. Si lo advirtió o no, no lo sé. Pues efectivamente no me ha vuelto a llamar.
Ah y anoche, cuando conseguí por fin dormirme volví a soñar con otro desastre nuclear.
Ahora si quieres puedes volver a preguntarme si ese bolso hace juego con tu vestido o qué planes tengo para el verano. Porque no, no pesa nada.
Llevaba un par de meses buscando casa, el contrato vencía en junio y me urgía encontrar algo. La dirección no me llamó la atención. Buscaba un estudio por la zona, algo independiente. El anuncio ofrecía buhardilla luminosa con baño individual en chalet. La mensualidad era asequible, así que llamé y concerté una cita con el propietario.
Anoté las señas y fui en taxi a ver la habitación. La zona me era familiar pero no presté mucha atención durante el trayecto, estaba absorta en mis cosas. Cuando el taxista dijo " Ya hemos llegado", miré la fachada del chalet y me sobresalté. Estabamos delante de la que había sido tu casa durante mucho tiempo. Me aproximé temblándome las piernas, no era la primera vez que temblaban frente a tu casa, pero esta vez lo hacían de otro modo.
El dueño me esperaba a la entrada, me saludó cordialmente y entramos dentro. Mientras aquel hombre subía las escaleras, observaba todo al detalle, podría haber hecho ese recorrido con los ojos cerrados.
-Aquí a la derecha está la cocina, no la usan mucho. Ahora te enseñaré la terraza.
Era un chalet grande, tal vez la habitación que quedaba libre era otra, -¿Buscáis inquilino desde hace mucho? - pregunté. - Pues el chico que ocupaba la habitación se fue hace algún tiempo, estuvo durante años aquí, era casi como de la familia. El corazón me iba a cien y al destino parecía divertirle la situación o más bien, se reía de mi. Por fín llegamos a la habitación libre, donde , en efecto, al entrar, la cama me guiñó un ojo.
Todo aquello lo interpreté como una señal, pero ¿cuál? Por un lado me urgía la necesidad de encontrar un sitio, por otro, lo veía como una invasión a tu intimidad. No importa, nunca lo sabrá, pensé.
El casero me hablaba de la tranquilidad, el wifi, la plaza de garaje.. pero no le escuchaba, tenía la mirada fija en la cama. -Puedes probarla, el colchón es de canapé, muy cómodo. Aunque si quieres podríamos cambiarlo. Ni en broma -no dije- No, no, está perfecto así- contesté.
Al verme dubitativa me sugirió la posibilidad de pernoctar una noche y si me gustaba podía quedarme. Esta opción me pareció viable, me atormentaba la idea de pasar una noche allí sola, pero por otra parte me parecía un experimento surrealista, mágico. Escuchar los secretos de las paredes, dormir abrazada al recuerdo de tu almohada, tocar el pomo de la puerta que tantas veces habrías tocado, ducharme en tu ducha, verte a través de la memoria del espejo del baño, destapar el cajón de Pandora de tu mesita de noche, abrir y cerrar por fín el cerrojo de tu puerta a mi antojo, acariciar al que fue el monstruo de tu armario.
Sin dudar acepté la propuesta y ahora estoy aquí tumbada, en la que fue tu cama, mirando el cielo de tu techo, aquel que en su día fue el séptimo y que hoy es el último. En cierto modo, tú también estás aqui.
* Forgive me, de Alanis cantada por mí desde tu baño
He cerrado la puerta. He rajado las persianas. Me he mudado al sótano. Y todavía te sigues filtrando como lluvia ácida. Decido utilizar palabras crueles para sellar las juntas, palabras que duelan, aunque sean inventadas. Silicona improvisada. Que llegue al fin el fín de este eterno retorno. Que desees no haberme conocido. Entonces me declaro la autora de crímenes inexistentes. Adúltera de matrimonios que nunca tuve. Pirómana de tus lágrimas. Madamme en Montera. Culpable del pinchazo de tu coche. De tu declaración a pagar. Tu resaca de anoche. Soy el móvil apagado de tu "dealer". El blanco de tu folio. El spam de tu conciencia. La hacker que derriba tu firewall. Líder de una secta kamikaze. Terrorista del sentimiento. El último lexatín que se fue por el sumidero.
Y es ahora que estoy a la altura del asfalto y soy más nada que nunca, te pido, por favor, que me odies mucho. Porque este fracaso si es dividido reconforta.
Eos se observa ante el espejo. Tiene un aspecto frágil, celeste. La diosa de los pezones rosados que trae la Aurora y abre el cielo cada mañana, maquilla sus ojeras mientras espera que salga el café.
Cuentan que cuando vuela entre las nubes llora por el hijo que perdió y sus lágrimas forman el rocío.
De naturaleza fugaz y moral distraída, para olvidar su tragedia, cada noche yace con un efebo distinto y bebe el néctar de la eterna juventud. Eos tiene un master en lenguas muertas aunque se dice que en la intimidad domina el francés.
Pero la otra noche, su pasión por Orión -que más tarde sería convertido en una constelación perenne y preciosa- no fue correspondida, la rechazó. Eos despechada y sumida en una ira sin precedentes, bajó al "Infierno", que es el bar donde las diosas tienen la entrada libre antes de la 2 y allí se batió en un largo duelo con la ginebra.
Descendiendo las escaleras del "Infierno" se encontró con Ares, el imberbe dios de la guerra, quien tras el susurro de la diosa , no dudó un segundo en sucumbir a sus encantos.
Afrodita, que siempre había deseado al joven en secreto, montó en cólera nada más saberlo. Este domingo formó un gabinete de crisis para reunirse con los dioses del Olimpo y deliberar el castigo que le iban a imponer a Eos.
Después de varias horas de "brainstorming" dictaminaron la condena:
“A partir de ahora, sentirás un deseo irrefrenable por los jóvenes mortales. Y este deseo será insaciable pues permanecerás eternamente enamorada".
*Adaptación "sui generis" del Mito de Eos, la promiscua diosa de la Aurora.
Acabamos de hacerlo. Estoy en mi lado de la cama, el derecho, donde al dormir no se me aplasta ni el corazón ni los sueños.
Me preguntas en qué pienso. Digo que en nada. En realidad he salido de mi cuerpo, estoy justo ahí en frente, observándonos. Trato de tomar una instantánea mental de este momento. Siempre he querido tener un espejo frente a la cama, para vernos. Hacemos buena pareja.
La foto ha salido desenfocada porque cuando he ido a darle al click ya te habías levantado para vestirte. Por parpadear tampoco salió el flash. -Back, te he pedido en inglés deseando que volvieras. Has hecho como que no me has oído.
Has estado en mi casa decenas de veces y curiosamente cuando entras nunca recuerdas dónde está mi cuarto sin embargo conoces a la perfección la salida.
Al despedirme, bajo el quicio de la puerta de donde siempre me sacas, te he dicho "nunca en este abdomen cupo tan poco". Me has mirado con cara de no comprender nada y creo haber entendido un "hablamos" mientras llamabas al ascensor.
Sin embargo, de vuelta al dormitorio he comprobado que hoy por primera vez, lo único que te has llevado ha sido mi mechero.